Un nuevo invierno: por qué la diferenciación molecular cobra mayor relevancia en infecciones virales.

Infecciones virales del tracto respiratorio

Este invierno llega con un cambio que vale la pena conocer: la Organización Mundial de la Salud actualizó las tres cepas de la vacuna contra influenza estacional para la temporada 2026-2027 en el hemisferio norte (H1N1, H3N2 e influenza B), algo que rara vez ocurre en un mismo ciclo. ¿La razón? Dos linajes frente a los cuales la vacuna anterior podría ofrecer menor protección: H3N2 subclado K y H1N1 D.3.1.1, de acuerdo con la evidencia que motivó la actualización.[AMC(MC(M1]  México, por su parte, cierra la temporada 2025-2026 con un dato que conviene tener presente: más de seis de cada diez casos confirmados fueron A/H1N1, y una cuarta parte, A/H3N2. Se trata de dos subtipos cuyas manifestaciones clínicas se superponen ampliamente, igual que ocurre frente a la influenza B, el virus sincitial respiratorio y otros virus que suelen circular al mismo tiempo sin diagnosticarse. En esta edición revisamos qué dejó la temporada pasada, qué cambia para el invierno que comienza y por qué diferenciar con precisión entre estos patógenos deja de ser un detalle técnico: de ello depende saber, con certeza, qué está enfermando al paciente que tenemos enfrente.

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Cierre de temporada, lo que dejó el invierno pasado

La Dirección General de Epidemiología (DGE) de la Secretaría de Salud reporta 1,552 casos de influenza confirmados por laboratorio entre la semana epidemiológica 40 de 2025 y la 20 de 2026, cierre formal de la temporada.

Y la distribución por subtipo confirma algo que la vigilancia mundial ya venía anticipando: no fue una temporada dominada por un solo virus, sino una mezcla de subtipos de influenza A que, en consulta, se ven exactamente iguales.

Tabla 1. Distribución de casos confirmados por subtipo, temporada 2025-2026

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El impacto tampoco se quedó en la influenza. En ese mismo periodo, la Infección Respiratoria Aguda (IRA) sumó poco más de 3 millones de casos y la neumonía o bronconeumonía registró un poco más de 27 mil casos, un 5.6% más que en la temporada 2024-2025¹. Y hay algo que vale la pena tener en el radar: los contagios de influenza golpearon sobre todo a niñas, niños y adultos jóvenes. Los de 5 a 9 años concentraron 10.2% de los casos confirmados; los de 10 a 14, 8.1%; y los de 1 a 4, 7.5%¹.

En diciembre de 2025, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) confirmó el primer caso en México de influenza A/H3N2 subclado K. Según la propia Ssa, esta variante no representa un riesgo pandémico, pero sí amerita vigilancia genómica constante por su capacidad de escapar a la inmunidad previa³.

El 27 de febrero de 2026, la OMS dio a conocer la composición recomendada de la vacuna contra influenza para la temporada 2026-2027 del hemisferio norte. Y aquí viene lo interesante: en ciclos recientes suele actualizarse uno o dos componentes, pero esta vez cambiaron los tres²:

Tabla 2. Composición de la vacuna contra influenza, comparación 2025-2026 frente a 2026-2027.

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Para el laboratorio y para el clínico, la lectura práctica es la misma que deja el cierre de temporada. Con dos subtipos de influenza A circulando activamente, uno de ellos con un linaje que acaba de cambiar por deriva antigénica, y el virus sincitial respiratorio (VSR) como diagnóstico diferencial obligado en pediatría y en adultos mayores, la pregunta ya no es solo “¿es influenza?”. Es “¿cuál, y qué más puede estar coexistiendo?”.

El reto diagnóstico, cuando el cuadro clínico no alcanza para decidir

Influenza A, influenza B y VSR comparten fiebre, tos, congestión y dolor muscular, y esos síntomas se traslapan tanto entre sí como con la neumonía atípica bacteriana. En la práctica, la presentación clínica por si sola no permite identificar de manera confiable el agente causal con la certeza que exige decidir un tratamiento.

Y esto tiene consecuencias muy concretas en el consultorio. Las guías clínicas respaldan el tratamiento antiviral empírico en pacientes con sospecha razonable de influenza, sobre todo en grupos de riesgo, pero confirmar el diagnóstico evita indicarlo cuando el cuadro es, en realidad, VSR u otro virus que no responde a inhibidores de neuraminidasa. La vigilancia de subtipo, H1N1 contra H3N2, alimenta directamente la selección de la vacuna del año siguiente y la lectura de los brotes. Y en los 27,370 casos de neumonía o bronconeumonía del cierre 2025-2026¹, la posibilidad de coinfección viral-bacteriana añade una capa adicional de complejidad al diagnóstico preciso y diferencial, uno más de los elementos clínicos que orientan si un antimicrobiano está indicado. Un resultado que solo dice “influenza A positivo”, sin más contexto, deja varias de esas preguntas sin responder.

Desempeño diagnóstico, prueba antigénica frente a PCR múltiplex

La diferencia de sensibilidad entre una prueba antigénica de punto de atención y una prueba molecular no es una opinión comercial. Es un hallazgo que se repite, una y otra vez, en la literatura de exactitud diagnóstica, en distintas poblaciones y a lo largo de más de una década de meta-análisis4.

Tabla 3. Sensibilidad agrupada de pruebas antigénicas frente a pruebas moleculares por analito.

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Esta diferencia es especialmente relevante en dos escenarios comunes en el laboratorio: pacientes adultos, donde la sensibilidad de la prueba antigénica para VSR puede caer hasta 29%⁵, y cualquier caso en el que se necesite conocer el subtipo de influenza A, una discriminación que la mayoría de las pruebas antigénicas comerciales no ofrece de forma estándar. Un panel molecular bien diseñado, como los paneles respiratorios de Seegene, puede identificar de forma simultánea múltiples virus y, en el caso de influenza A, su subtipo, en una sola corrida. Esto no sustituye el juicio clínico, pero sí amplía la información disponible para tomarlo con más elementos.

¿Por qué el tiempo también es parte del tratamiento?

Todo lo que hemos revisado hasta aquí explica por qué importa saber con precisión qué patógeno está causando el cuadro. Pero falta una pieza que conecta el diagnóstico con el desenlace del paciente: el momento en que arranca el tratamiento.

El meta análisis de datos individuales más grande hecho sobre el tema, con información de más de 29 mil pacientes hospitalizados por influenza A H1N1pdm09 en distintos países, encontró que tratar con inhibidores de neuraminidasa, como el oseltamivir, reduce el riesgo de morir frente a no tratar en absoluto. Pero cuando el tratamiento arrancó dentro de las primeras 48 horas desde el inicio de los síntomas, esa protección casi se duplicó7.

El tipo de prueba que se use responde a necesidades distintas, y ambas tienen un lugar claro en el flujo diagnóstico. La prueba rápida de antígeno entrega resultado en minutos y es la opción indicada cuando la decisión clínica no puede esperar: triage en urgencias, definir aislamiento, o confirmar un caso positivo dentro de un brote ya identificado, donde su alta especificidad hace que un resultado positivo sea, en la práctica, concluyente. La prueba molecular es la que se necesita cuando la pregunta va más allá de “¿es positivo?”: cuando el paciente pertenece a un grupo de riesgo y un falso negativo tendría consecuencias clínicas, cuando hace falta distinguir el subtipo de influenza A, o cuando el cuadro persiste pese a un antigénico negativo y conviene descartarlo con la prueba de mayor sensibilidad. Ninguna sustituye a la otra: la rapidez de la antigénica resuelve la urgencia del momento, y la profundidad de la molecular resuelve la certeza que ese momento, por sí solo, no puede dar.

Dos frentes para responder: tipificación precisa y vigilancia amplia

Frente a un panorama con dos subtipos de influenza A circulando, un linaje que acaba de cambiar y varios virus respiratorios que suelen coexistir sin diagnosticarse, el portafolio respiratorio de Seegene México cubre dos frentes complementarios, no excluyentes entre sí.

Para la vigilancia sindrómica y la detección preventiva de los patógenos que suelen circular junto con la influenza sin diagnosticarse, Seegene ofrece soluciones virales que identifican en un solo tubo hasta ocho patógenos respiratorios (SARS-CoV-2, influenza A, influenza B, VSR, metapneumovirus, adenovirus, rinovirus y parainfluenza), además de un flujo más ágil enfocado en los cuatro agentes que con más frecuencia motivan la consulta: SARS-CoV-2, influenza A, influenza B y VSR[AMC(MC(M1] . Para la tipificación precisa, cuando el caso lo requiere, Seegene también ofrece soluciones virales y bacterianas que identifican de forma simultánea 16 virus, los 3 subtipos de influenza A y 7 bacterias respiratorias, compatibles entre sí para escalar de un cribado dirigido a un perfil viral-bacteriano completo sin cambiar de plataforma.

Figura 1. Patógenos cubiertos según el objetivo clínico

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Conclusiones

  • La temporada 2025-2026 dejó circulación mixta de A/H1N1 (61.6%) y A/H3N2 (25.6%), dos subtipos cuyas manifestaciones clínicas se superponen ampliamente entre sí y también frente a VSR.
  • La OMS actualizó al mismo tiempo los tres componentes de la vacuna 2026-2027, en línea con los cambios antigénicos observados en H3N2 subclado K y H1N1 D.3.1.1.
  • Las pruebas antigénicas alcanzan sensibilidades que van de aproximadamente 53% a 54% en influenza, y pueden caer hasta 29% en VSR en adultos, frente al 90% a 95% que logran los métodos moleculares. El tratamiento antiviral iniciado dentro de las primeras 48 horas casi duplica la reducción de mortalidad frente al tratamiento tardío, así que un diagnóstico oportuno también protege esa ventana.

 

El portafolio respiratorio de Seegene México cubre ambos frentes: tipificación precisa con soluciones virales y bacterianas, y vigilancia sindrómica amplia con soluciones virales de detección múltiplex.

 


Bibliografía

  1. DGE, SSA (2026). Informe semanal para la vigilancia epidemiológica de influenza, COVID-19 y otros virus respiratorios, temporada 2025-2026 (semana epidemiológica 40 de 2025 a 20 de 2026).
  2. WHO, 2026. Recommendations for influenza vaccine composition for the 2026-2027 northern hemisphere season.
  3. SSA, 2025. Salud confirma primer caso de influenza A/H3N2 subclado K en México.
  4. Merckx et al., 2017. Diagnostic accuracy of novel and traditional rapid tests for influenza infection compared with reverse transcriptase polymerase chain reaction: A systematic review and meta-analysis. Annals of Internal Medicine, 167(6), 394–409.
  5. Chartrand et al., 2015. Diagnostic accuracy of rapid antigen detection tests for respiratory syncytial virus infection: Systematic review and meta-analysis. Journal of Clinical Microbiology, 53(12), 3738–3749.
  6. Merckx, J. et al. (2019). Rapid molecular tests for influenza, respiratory syncytial virus, and other respiratory viruses: A systematic review of diagnostic accuracy and clinical impact studies. Clinical Infectious Diseases, 69(7), 1243–1253.
  7. Muthuri et al., 2014. Effectiveness of neuraminidase inhibitors in reducing mortality in patients admitted to hospital with influenza A H1N1pdm09 virus infection: A meta-analysis of individual participant data. The Lancet Respiratory Medicine, 2(5), 395–404.

 

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